viernes, 9 de octubre de 2009

CAPÍTULO VI. EL DINERO Y EL ESTADO COMO INSTRUMENTOS DE DOMINACIÓN. El velo monetario oculta la alienación económica del hombre.

El dinero surgió, como una necesidad económica, bajo determinadas formas de la propiedad privada y de la división del trabajo. Por ejemplo, los batúes no conocían el comercio de la tierra (hipotecas, etc.) antes de la llegada de los ingleses con los cuales llegó a ese antiguo reino, el fetichismo de la mercancía.

El mundo mágico del dinero tuvo sus orígenes en Lidia, república del Asia Menor: epicentro de las comunicaciones y del comercio entre Egipto, Persia y Europa. Históricamente aparecieron en Lidia las primeras monedas ya que este país era plaza de arbitraje mercantil en el Mundo Antiguo, como lo fuera Inglaterra y lo es ahora USA en la época del capitalismo multinacional.

Los filósofos clásicos griegos pensaron que la moneda era medio de cambio y medida de valor. A este respecto, Aristóteles dice:
“La moneda, por lo tanto, al actuar como medida, hace a los bienes conmensurables y los iguala” (1)….”Al dinero le sucede lo mismo que a las mercancías, su valor no es siempre el mismo, pero tiende a ser más estable” (2).

Estas afirmaciones de Aristóteles prueban que tuvo una clara idea de la función económica del dinero, ya que, en cuanto al origen de éste y a su necesidad económica dijo, intuyendo la ley de la división del trabajo internacional:

“Cuando los habitantes de un país llegaron a depender en mayor medida de los otros, importando lo que necesitaban y exportando lo que tenían en demasía, el dinero entró necesariamente en uso” (3).

Consecuentemente, la existencia de las nacionales y la división internacional del trabajo entre ellas, crean el mundo de la mercancía y el dinero, para que los productores entren en el mercado por medio de la moneda, para cambiar sus productos por otros productos.

El dinero, en tanto que categoría económica, es una categoría histórica: desaparecidas las causas y necesidades que lo engendraron tiene, necesariamente, que desaparecer. Pero a condición de que desaparezca la propiedad privada y estatal, la plusvalía, el nacionalismo económico y otros factores que crean el transmundo alienado por la mercancía y el dinero: anverso y reverso del mundo burgués.

Bajo la economía mercantil (de ámbito limitado en el Mundo Antiguo, sin que ello diera lugar al capitalismo, porque la base de ese mundo era la esclavitud, como categoría económica o histórica), se desenvolvieron los intercambios y el comercio internacional entre las naciones de la cuenca mediterránea. Si el esclavo se hubiera convertido en obrero libre y el amo en patrón, el capitalismo habría comenzado muchos siglos antes entre las ciudades-Estados, las naciones y los imperios del Mundo Antiguo.

Pero es que los regímenes económicos están en el tiempo y en el espacio: no se los puede inventar. Así, pues, el esclavismo se transformó, a su debido tiempo, en feudalismo; luego éste en capitalismo; y éste, a su vez, se transformará en socialismo, sin confundirlo con el capitalismo de Estado soviético. Y como el capitalismo es una categoría histórica, ni más ni menos que el esclavismo o el feudalismo, el devenir del mundo burgués es el socialismo autogestionario.

El Mundo Antiguo tuvo mecanismos monetarios muy similares a los de nuestro tiempo, pero la estructura de clases era completamente diferente. En consecuencia, la economía esclavista no llegó a revestir una forma mercantil acabada como sucede en el capitalismo, quizá porque el esclavo era vendido como mercancía; pero no su trabajo asalariado, como hace el obrero en la sociedad burguesa.

Si todo se compra y se vende por dinero, bajo el imperio de la propiedad privada de los medios de producción o de un único propietario como el Estado-patrón, la fuerza de trabajo enajenada seguirá siendo asalariada y los productos de este trabajo dependiente continuarán circulando como mercancías en cuyo precio final seguirá figurando la plusvalía, el trabajo no pagado al obrero, a fin de que vivan enquistados parasitariamente en los trabajadores clases dominantes como la burguesía (Oeste) o la burocracia totalitaria (Este).

Sólo la instauración de un socialismo libertario, basado en la propiedad social y no en la privada o estatal, puede superar la alienación del obrero en el trabajo de y para otro, mediante la propiedad social basada en una economía autogestionaria, que supere las clases sociales antagónicas, la desigualdad intelectual y económica entre los hombres, en un mundo sin alienaciones ni contradicciones. Así, aunque siguiere subsistiendo el dinero sólo serviría para intercambiar los bienes y servicios en su justo valor-trabajo, sin incluir rentas parasitarias o plusvalías para nadie, cuantificando objetivamente los valores económicos, calculándolos en una unidad de valor estable, sin inflación, devaluaciones y reflacciones.

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