martes, 13 de octubre de 2009

Moneda, ingreso y clases.

Antes de la emisión de papel – moneda y de la moneda escritural (cheques, pagarés, etc.), las transacciones comerciales se realizaban por medio de un equivalente general de valor económico: los metales preciosos (oro y plata); y las pequeñas compras y ventas individuales, en el comercio minorista, se hacían regularmente con monedas de cobre y plata. Bajo el sistema de las monedas metálicas, la inflación monetaria era más lenta que con el régimen del papel – moneda; pues era necesario dividir o subdividir las monedas de oro y plata en otras menores, conservando su antiguo valor numeral; pero no su verdadero valor intrínseco, real.

A finales del siglo pasado, los países se dividieron entre monometalistas (“gold buillion Standard”) y bimetalistas (plata y oro, monetariamente en concurrencia); pero se impuso, posteriormente, el patrón-oro, naufragado luego de la primera guerra europea, en 1931-34, cuando la libra esterlina se devaluó y abandonó el patrón-oro en 1931, y el dólar, en 1934, desoyendo entonces Roosevelt las recomendaciones de la Conferencia Económica Mundial de Londres, a la cual bloqueó Estados Unidos.


El “gold Exchange Standard” (medida aritmética entre el oro y las divisas fuertes como la libra y el dólar) ya regía a principios de siglo, para la India, el Japón y otros países, que aceptaban como valor-reserva de sus bancos centrales, el oro, la libra esterlina y el dólar. En el caso de la India, que entonces era una colonia británica, se explica que considerase a la libra-papel como valor equivalente al oro. Sin embargo, cuando la libra esterlina se devaluó en 1931, quienes le habían tenido fé perdieron mucho económicamente, cosa que pudiera repetirse, otra vez, con la esterlina y el dólar; ahora que el “gold Exchange Standard” se aproxima a su cierta quiebra, por la insuficiencia de reservas de oro de Estados Unidos e Inglaterra para responder a sus cuantiosas obligaciones internacionales, en divisas debidas a otros países; pero no convertidas en oro.


Bajo las determinantes históricas de las depresiones económicas y de las crisis monetarias, el régimen capitalista ha pasado por los siguientes sistemas monetarios:


a) oro, plata y cobre amonedados;

b) patrón-oro en lingotes (“gold buillon Standard”);

c) patrón-oro (circulación monetaria en papel controlada por un determinado porcentaje de ella en oro, arriba de lo cual no se podía emitir moneda sin que entrara más oro, o sin que hubiera más producción de bienes y servicio);

d) oro-patrón-divisa (gold Exchange Standard), que está actualmente en vigencia, en el Fondo Monetario Internacional (FMI), más simbólica que realmente, en el texto de su constitución pero no en la realidad luego de la desmonetización del dólar, de su inconvertibilidad en oro.


En las sociedades de clases poseedoras y desposeídas de la riqueza social, en la economía mundial dirigida por los países industrializados sobre los países subdesarrollados, en un mundo dividido entre el bloque soviético y el bloque occidental, las monedas no son objetivamente valor equitativo para todos, ya que el dólar controla el sistema monetario internacional, en el Oeste, y el rublo en igual medida, lo hace en el Este, en el COMECON. Así las cosas, el hegemonismo soviético, en su zona monetaria, y el imperialismo del dólar, en la suya, establecen relaciones de intercambio inequitativas, favorables al rublo y al dólar, creando así una economía mundial dominada por el Kremlin o Wall Street.


En la esfera de las economías nacionales, las monedas no son patrón de valor equitativo para todos, ya que cada clase social recibe diferentes cantidades de dinero según el estamento a que pertenece, creando así consumos desiguales, distintos niveles de vida, que se traducen en clases distintas, pobres o ricas, dominadas o dominantes. Estas diferencias socio-económicas son diáfanas en el Oeste, donde la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, determina que una minoría sea capitalista y una mayoría asalariada, dependiente del capital privado. En el Este como el Estado es el propietario de los medios de producción y de cambio, de las empresas, de los bancos, de la tierra, de todo y de todos, la existencia de las clases, en el sentido clásico de la sociología marxista, se halla velada, mediante categorías semánticas o nominalistas: “sociedad socialista”, “Estado de todo el pueblo”, “propiedad social”, “sociedad sin clases”, “sociedad comunista”: pero, en realidad, el dinero repartido tan desigualmente en Rusia como en los países capitalistas, crea ingresos diferenciales tan desiguales como en el Occidente burgués. Así, pues, en el Este existen clases sociales dominantes y dominadas, bajo la burocracia totalitaria y el pueblo asalariado por el Estado-patrón, empresa monopolizada por la burocracia. Por otra parte, el ingreso monetario de un campesino koljosiano es menor que el de un obrero industrial urbano y el de un obrero muy inferior al de los pocos dirigentes que figuran en la “Nomenclatura”: oligarquía roja.


En suma, el dinero para que no crease clases sociales antagónicas, tendría que ser medio de cambio en una sociedad basada en la igualdad económica entre los hombres, en una economía autogestionaria de las empresas de los servicios sociales y públicos, en una democracia directa, sin parlamentarismo burgués o burocrático, sin profesionales de la política, sin partidos políticos burgueses o pequeño-burgueses, a fin de que el pueblo trabajador se autogobierne en una democracia de participación plena.


El oro, la crisis y el dólar

Las crisis económicas de 1900, de 1907, de 1913, de 1924 y de 1929-33, sometieron el oro a la dictadura de la libra esterlina y del dólar. Hacía falta, en esos años de crisis, como sucede ahora, oro y divisas fuertes para fluidificar los pagos e intercambios en el comercio mundial. Pero como el oro no se puede aumentar a voluntad como la emisión de papel-moneda, resultaba el metal amarillo muy rígido para elevar los precios, que habían declinado a niveles de catástrofe hacia 1929-33. Inglaterra, primero, y Estados Unidos, después, se alejaron del patrón-oro, conducta que fue seguida por todas las naciones, ya que la libra y el dólar eran las divisas pilotos, en la economía mundial, ahora lo es el dólar, ya que la libra no vale un gramo de oro, quizá porque la flota británica no manda en el mar, mientras que Londres ha dejado de ser el epicentro financiero del mundo.

Si Estados Unidos no devalúa el dólar, para disminuir sus deudas exteriores, puede caer en una crisis total, por falta de reservas de oro, lo que produciría un “crack” en Wall Street, quizá de mayor volumen que la bancarrota del 18 de octubre de 1929; pero con la no convertibilidad del dólar en oro, decretada en 1974, Estados Unidos puede seguir sin devaluar el dólar en proporción a la pérdida de su poder adquisitivo desde 1939.

Si el dólar se empeña en dirigir al oro, en bloquear su precio desde 1934, descubrirá que bajo una economía mercantil de base capitalista, el oro puede arruinar al dólar y con ello encajar una crisis total a la economía norteamericana, aparentemente próspera, quizá porque debe muchos millones de dólares en divisas, que no paga y figuran como euro-dólares, petro-dólares, nipo-dólares. ¿Hasta cuando puede continuar ese juego norteamericano de deber, no pagar y con ello no devaluar al dólar en proporción a su pérdida de poder adquisitivo y de depreciación respecto al oro?

Gracias a la trampa de someter el oro a la dictadura del dólar, a vender los haberes en oro del Fondo Monetario Internacional para hacer la defensa del dólar, a subir en 1981-85 el tipo de interés de los Títulos del Tesoro norteamericano por encima del 10%, para que éstos den más beneficios que la compra de oro, a que se acumulen miles de millones de euro-dólares, petro-dólares , nipo-dólares no convertibles en oro a que Estados Unidos manipula la política del Fondo Monetario Internacional como si fuera su instrumento de imperialismo monetario, a que el dólar y sus empresas multinacionales dominan la economía mundial, Estados Unidos se puede permitir todas las aberraciones económicas en su provecho; pero un día quizá no lejano, estallará una crisis mundial más grande que la de 1929-33. ¿Cómo se saldría de ella? ¿Volviendo, otra vez, al patrón-oro por la misma razón que, en otra época se salió de él, para que el dólar manejara la economía mundial, utilizando el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el GATT como medios financieros y monetarios de dominación del capitalismo de la City y de Wall Street?

El dólar, a pesar de su prestigio internacional, del privilegio de ser moneda-reserva de valor mundial, está sometido a un deterioro progresivo de su poder de compra interno, cosa que no sucedería con un dólar moneda-mercancía dentro del patrón-oro. En este sentido, el dólar de Eisenhower, en 1958, si lo consideramos como igual a 100, sólo tenía un poder adquisitivo de 44 centavos del dólar de Carter en 1978; pero, a pesar de esta depreciación , seguía siendo la moneda-divisa central del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por otra parte, la divisa estadounidense se ha endeudado mucho con el exterior debido a que importa más de lo que exporta al mercado mundial. Tradicionalmente el dólar, desde finales del siglo XIX hasta el año 1971 había revelado en su balanza de comercio exterior continuos superávit que revaluaban esta divisa en el mercado mundial. Sin embargo, el dólar se ha degradado constantemente: registró un déficit comercial exterior de 30.000 millones de dólares en 1977, equivaliendo a un 25% del valor de sus exportaciones; 40.000 millones de dólares en 1962; 60.000 millones de dólares en 1983; unos 120.000 millones de dólares en 1984; y unos 150.000 millones en 1985. No obstante, el dólar seguía siendo una moneda sobrevaluada en contra de las leyes económicas y la lógica de los hechos.

Tal situación es explicable porque el tipo de interés en dólares era muy elevado: más del 10% lo cual atraía hacia Estados Unidos los dólares debidos por éste en su balanza de comercio exterior, más los dólares de los ahorristas del mundo, que ven en el dólar mayores beneficios que comprando oro como valor refugio contra la inflación de sus propias monedas y del dólar. Estas paradojas pudieran anticipar, finalmente, una gran crisis financiera y monetaria internacional. Pues mientras las deudas exteriores de América Latina hay que pagarlas usurariamente, no en sus propias monedas sino en dólares, la deuda externa norteamericana no se paga nunca, constituyendo así un factor de prosperidad y no de calamidad como en América Latina.

Estados Unidos está viviendo más allá de sus propias posibilidades económicas internas: compra más que vende al mercado mundial. En este sentido, la parte del comercio exterior norteamericano en su producto interior bruto era del 6%, en 1970, contra 9% en 1983.

Tesis contra el oro.

Muchos economistas anglosajones se oponen – en su propio interés-al retorno del patrón-oro alegando, entre otras, estas razones en contra:
Justificar a ambos lados

1) el oro no tiene más que un valor artificial, arbitrario o simbólico (claro, mientras sea el siervo del dólar);


2) el oro es incapaz de regular los cambios internacionales, como lo venía haciendo hasta 1914;


3) el oro colocaría la economía mundial bajo el control de los productores de oro soviéticos y sudafricanos (cosa improbable, pues el oro no se produce sino con mucho trabajo, no se multiplica a voluntad);


4) el oro provocaría una nueva crisis mundial, si juega el mismo papel que tuviera antes del abandono del patrón-oro;


5) el oro no es el único medio para evitar la inflación monetaria.


Tales son, entre otras, las tesis contra el retorno al patrón – oro. Ninguna de ellas tiene mucha consistencia, ni teórica ni prácticamente, ya que la continuación del “gold exchange standard”, que hizo del oro un siervo del dólar, duró hasta 1974.


La economía mundial y las economías nacionales no pueden seguir dentro de los encorsetamientos del Fondo Monetario Internacional donde el dólar detenta poderes omnímodos de rey de las monedas sin suficientes reservas de oro que garanticen su monarquía absoluta en beneficio del capitalismo de Wall Street.


El oro ha sido denunciado por los keynesianos de todo tipo como sinónimo de atesoramiento improductivo, como el signo de la plutocracia, como algo estéril y no necesario al correcto funcionamiento de la economía mundial, de la ética económica. Y en esta condensación del oro, del “vil metal”, se ha escondido una supuesta posición política de “izquierda”, o mejor dicho, de la tecnoburocracia ideológicamente keynesiana, galbraithiana, a fin de que los tecnócratas, como nueva clase dominante, tuvieran el privilegio de emitir moneda insolvente para todo, sin ningún freno o atadura con respecto a no rebasar la circulación monetaria un determinado porcentaje respecto de las reservas aúreas y de divisas convertibles, a fin de limitar el uso y el abuso de la inflación monetaria.


La tecnoburocracia, enquistada en los partidos social-demócratas, el “socialismo de cátedra”, los dirigistas y planificadores de todo tipo o ideología, con la superabundante moneda elástica, no sometida a ningún control de emisión de papel-moneda, tienen con el poder del dinero, emitido a voluntad de los gobiernos tecno-burocráticos, un Estado-providencia que tanto puede entregar dinero para subsidiar una empresa privada fallida como el crónico déficit de las empresas nacionalizadas donde lo único que se nacionaliza son las pérdidas de las mismas, haciendo así el Estado de sustituto de los dioses, el nuevo Jehová dispensador del “maná”, el gran benefactor según los ideales de la “nueva clase política”, de la “nueva burguesía”. En este sentido, pudieran clasificarse los laboristas, los social-demócratas, los demo-cristianos (paralelos con el socialismo burgués), los economistas tecnócratas (partidarios de la “revolución de los directores”), aunque marquen variantes dirigistas del Estado-providencia, de la gran empresa pública y privada en manos de los directores más que de la burguesía.


Para que el Estado sea omnipotente y omnipresente, sometiendo la sociedad civil a sus decretos-leyes, impidiendo la autoorganización de los productores en grupos colectivos o cooperativos (sin el Estado, sin propiedad privada o pública), hay que atribuir al Estado el privilegio de emitir papel-moneda para todo: subsidios a determinados productos, créditos sin retorno a empresas o bancos fallidos, compra de paro obrero a las empresas privadas que echan a sus trabajadores, subsidios a las exportaciones no competitivas y otras políticas por el estilo. Con esta política se da la apariencia de que se evoluciona pacíficamente hacia el socialismo; pero, en realidad, se va desquiciando todo cada vez más sin resolver la crisis del sistema capitalista, que sólo puede serlo con un socialismo autogestionario, armonizando el ingreso, el consumo, el ahorro y la inversión.


A medida que el Estado se constituye en la primera empresa de todas, como es la única que puede producir con pérdidas en sus empresas públicas y pagar burocracia supernumeraria, aumentando los impuestos directos e indirectos, colocando papel del Estado en bancos y cajas de ahorros o emitiendo moneda insolvente, se constituye así en un mal administrador y gestor de las economías, ya que el Estado quita más de lo que da a la Sociedad. En consecuencia, siguiendo de mal a peor, un día, todo fracasa, produciéndose inflaciones galopantes como las de Argentina, Bolivia, Perú y otros países en la década de 1980-90, en que todo tiempo futuro para estos países pareciera siempre peor y no mejor, por haber hecho sus Estados caros y malos autofagía de sus economías.


Mientras existan las naciones, siendo el mundo un mosaico de monedas y de fronteras, aunque ya con los satélites artificiales es a la escala planetaria, tendrá que haber un patrón de valor universal que no puede ser el dólar ni otra moneda nacional por más fuerte que sea su país emisor. ¿Qué garantía hay de que el dólar pague, sin depreciarse sistemáticamente, todos los dólares debidos a países acreedores? Si el dólar tuviera un freno como el del patrón-oro no podría endeudarse, interna y externamente, al doble del valor de su producto interior bruto, como ya ha sucedido a mediados de la década de 1980-90.


En cambio, los países latinoamericanos, y en general los africanos y asiáticos, en 1986, han llegado a una deuda pública externa de 1.000.000.000.000 (un billón de dólares), más o menos la mitad de su producto interno bruto, pero lo pasan bastante peor que Estados Unidos teniendo menos deudas, en porcentaje, respecto de éste. El hecho radica en que los países afro-asiáticos y latinoamericanos, con el 75% de la población mundial, apenas tienen el 20% del producto interno bruto del mundo (PIB). En cambio, Estados Unidos con el 5% de la población mundial dispone del 30% del PIB del mundo. Y en este sentido, el dólar, que no tiene respaldo oro, si no en una ínfima parte con relación a sus deudas exteriores, sin embargo, es la moneda-divisa-universal, no por su valor intrínseco, sino porque cuenta con la tercera parte de la renta bruta mundial. El yen es más sólido, si cabe, que el dólar, e igualmente el marco alemán occidental, pero Japón depende en un 30% de la colocación de sus exportaciones en Estados Unidos, teniendo que aceptar, quiera o no, la política imperial del dólar.


No se trata de volver al patrón-oro para estabilizar las monedas, acabar con la inflación, estabilizar los tipos de cambio internacionales y tener, en los bancos centrales una moneda-reserva en barras de oro, sino más bien de que países como los latinoamericanos integren sus economías en una sola nación con una sola frontera y una sola moneda, un solo mercado, a fin de que la moneda sea firme, no por la garantía-oro que tenga, sino por su gran mercado, sus grandes exportaciones e importaciones, sus tecnologías avanzadas, sus empresas modernas, capaces de asimilar la revolución científico-tecnológica, de obtener gran productividad en el trabajo, a fin de que su moneda sea respetada y deseada en el comercio mundial. Pues una moneda es buena o mala si es mala o buena su economía, ya que pierde oro y divisas convertibles si no compite en calidad, precio y tecnología en el mercado mundial. El oro, cuando más, puede ser un valor-reserva o refugio para una nación, mientras el mundo no sea un solo país.

Razones en pro del oro.

Muchos economistas – entre ellos algunos norteamericanos – estiman que es inevitable una vuelta al patrón-oro, aunque sea en forma atenuada. Las tesis a favor del oro, entre otras, son las siguientes:

1) que el papel del oro no puede ser ocupado por ninguna divisa, incluso por el dólar (pues el oro es moneda mundial, mientras el dólar es un signo monetario nacional, sometido a los cambiantes de la economía norteamericana);


2) que el oro, y sólo él, permite pagar correctamente las cuentas internacionales, sin depreciaciones inherentes a las devaluaciones monetarias (como en el caso de las cuentas en libras, en 1931 yen 1949);


3) que el oro es una sólida barrera contra la inflación monetaria y la de los precios, evitando así la relación de intercambio desfavorable entre distintos países o, al menos, la atenúa;


4) que el oro no es el único responsable de la crisis económica mundial de 1929-33, sino la contradicción entre una producción creciente (productividad) y la participación decreciente del obrero en su producto; 5) que el oro corrige, expande o comprime una economía en función de mecanismos autorreguladores, creando automáticamente la deflación de precios, cuando la inflación hace perder a un país la competencia en el mercado mundial.


El retorno al patrón-oro pudiera ser inevitable antes de lo que piensan algunos tecnócratas de la ciencia económica. Los Estados Unidos no podrán detener ese proceso, ni con su inmensa riqueza, que es transitoria y relativa, en virtud de la ley de desarrollo desigual de país a país, no estando USA a salvo de una gran crisis económica, si el dólar no evita su perdición definitiva, si no compite eficazmente en el mundo.


A la escala de un socialismo libertario universal, el oro debería figurar en los museos de antigüedades. Pero mientras rija el capitalismo de Estado, en el Este, y el capitalismo privado, en el Oeste, el oro no lo será todo, pero es necesario para todo como patrón de valor universal de cambio y de reservas de divisas estables, no tan depreciables como el rublo, el dólar, el yen y las eurodivisas.


El oro puede volver a regir los cambios internacionales como sucedía hasta 1914, y como patrón – oro hasta la Gran Depresión 1929-33 (libra) y 1934 (dólar), mientras el mundo no sea un solo país, exista la propiedad privada de los medios de producción, las nacionalidades y la economía mercantil como base comercial de intercambio de los valores económicos. A favor del retorno al régimen del oro, como patrón de valor estable de las relaciones económicas internacionales, abundan muchos argumentos a su favor;


a) es una moneda universal que intercambia todas las mercancías, compara todos los precios y condensa mucho valor en poco espacio;


b) no es demasiado escaso ni muy abundante, ni se altera con el tiempo;


c) si un país pierde oro por el comercio mundial, ello le obliga a bajar sus precios de exportación para ganarlo, cosa que no hace el dólar;


d) el retorno a la disciplina del oro corregiría los excesos del dólar, cuya expansión económica no es equilibrada, sino a costa de endosar deudas por muchos miles de millones de dólares, en divisas, a otros países, millones que es imposible convertir en oro;


e) es imposible que el papel, que cumplía el oro en la economía mundial, lo ocupe ahora el dólar;


f) el dólar al persistir en la congelación del precio del oro tuvo que decretar en 1974, su incorvertibilidad unilateral, dejando así de ser moneda-talón-oro-mundial.


La crisis del dólar está llamando a las puertas de Wall Street. El hecho de que los particulares hayan atesorado – en el mundo – muchos miles de millones de monedas – oro, en onzas-oro, en Europa, indicaría que no hay confianza en el dólar, ni en monedas fuera del patrón-oro.


La inflación – cáncer de las sociedades sin patrón monetario de valor estable – destruye las clases medias económicamente débiles: proletariza en masa a la pequeña burguesía, a quienes tienen ingresos fijos, etc. A la larga, la inflación debe dar, con el partido del descontento, la Revolución Social que puede superar los mecanismos capitalistas de producción y distribución, pesado estorbo contra el progreso económico y tecnológico, por mantener un sistema económico depresivo crónicamente.


Sin patrón de valor estable para las relaciones internacionales, la economía mundial está amenazada por una deflación brutal: caída de los precios de las materias primas por falta de liquidez (oro y divisas fuertes), particularmente en los países del “Tercer Mundo”. ¿Cómo explicar, a la luz de la lógica económica, que los precios internos norteamericanos variaran de 100 a 230, entre 1939 y 1964, mientras que el dólar seguía teniendo el mismo valor en oro? ¿Cómo aceptar que los precios de exportación de los países subdesarrollados estén internacionalmente algo más altos que en 1939, mientras +los precios norteamericanos son 2, 3, 4, 5… veces más elevados? Bajo esta relación de intercambio desfavorable, el imperialismo económico gana lo que pierden los países afro-asiáticos y latinoamericanos. Ello no sucedería con patrón – oro, ya que la ley del valor de cambio regiría igualmente para todos. He ahí porque no quiere volver al régimen del patrón – oro el capitalismo de Wall Street, porque hace la ley y la trampa en el Fondo Monetario Internacional.


Al desalojar al oro como contenido de todas las monedas nacionales, unificadas en él internacionalmente, según las reglas del patrón-oro, el dólar y la libra esterlina por medio del Fondo Monetario Internacional (FMI) impusieron sus divisas como patrón de valor internacional, pero si éstas abundaban en el mundo, no se comprometían a recuperarlas con oro, pudiendo así evitar obligadas devaluaciones, cuando su paridad de poder adquisitivo bajaba, en el interior, sin que el dólar, por ejemplo, descendiera su valor-oro simbólico en el exterior. De esta manera, el dólar ha ido amontonando deudas exteriores en euro-dólares, petro-dólares, “swaps”, sin que se haya tenido que devaluar sensiblemente, ya que a los norteamericanos se les han presentado sus grandes deudas irrecuperables en oro como créditos o inversiones en títulos del Tesoro, acciones u obligaciones de sus empresas multinacionales.


La burguesía manchesteriana y, en mayor grado, la burguesía neoyorquina, han manipulado los mecanismos cambiarios, monetarios, el oro y las divisas, como un negocio peculiar del capitalismo anglosajón, sirviéndose del FMI como instrumento de manipulación monetaria al servicio del dólar y de la esterlina, pero ahora más de aquel que de ésta, desde que Inglaterra perdió su imperio, el primer puesto en el comercio mundial y la marina de guerra británica, está en un lugar de segunda potencia.


Para mantener la dictadura del dólar sobre el oro, a fin de que éste no suba en precio como todos los demás precios de bienes y servicios, Estados Unidos quiso congelar el precio del oro a sazón de 35 dólares por 1 onza de 31,1 gramos de metal fino. En este sentido, creó el “pool del oro” aportando el 50% de sus reservas aúreas, y el resto otros países europeos feudatarios de Estados Unidos. El “pool” del oro comenzó a funcionar en 1961, pero ante el alza incontenible de los precios del oro por encima de 35 dólares feneció en 1968 no pudiendo satisfacer la demanda de metal amarillo a un precio congelado, a fin de que el dólar pudiera mantener su ficticia valoración de 0,888 milígramos de metal fino.


Aparentemente, despreciar al oro como patrón-monetario es tomar una actitud norteamericana, o por mejor decir keynesiana, pero la verdad es que la sustitución del oro por el dólar ha constituido el ascenso irresistible de la burguesía neoyorkina para dominar la economía mundial con su divisa omnipotente y omnipresente y con sus empresas multinacionales.


El patrón-dólar, suplantando al patrón-oro o al talón de cambio-oro (gold Exchange Standard), le ha dado a la divisa norteamericana el $ dinero mundial y, en cierto modo, el poder mundial, ya que Estados Unidos, sin recuperar sus euro euro-dólares y petro-dólares, sus créditos o empréstitos en el exterior, puede financiar un rearme fácil con el dinero de todos los ahorristas del mundo, cosa que no puede hacer la Unión Soviética.


La burguesía imperial norteamericana, negándose a revaluar el oro, a retornar al patrón-oro, ha hecho del dólar su instrumento monetario de dominación económica mundial. En este orden de ideas, pudiera afirmarse que el dólar practica una teoría económica nominalista, en virtud de la cual esta divisa imperial no vale una parte determinada de oro, sino lo que ella quiere valer como moneda de Estado, sin compromiso alguno para recuperar sus déficit de balanza de comercio exterior. De esta manera, los euro-dólares, los petro-dólares y otros dólares-déficit de cuentas exteriores, son como “marcos de ocupación”, en la época de Hitler, que retiraban consumo, en los países ocupados, y no aportaban nada de producción, de moneda solvente, convertible, transferible y recuperable o pagable. Así, pues, los privilegios del dólar, en el FMI, y los del rublo, en el COMECON, constituyen el exponente económico de los Estados imperiales, contrarios a la equidad entre las naciones.

sábado, 10 de octubre de 2009

¿Quién gana con la inflación?

La inflación monetaria no es sólo un mal de la sociedad capitalista: existió en varios países y ciudades de la antigüedad clásica. Dionisio de Siracusa (432-362 a J.C.) redujo a la mitad de su valor intrínseco el dracma (moneda siracusiana): recogió las monedas en circulación y de cada una hizo acuñar dos, reduciendo su peso a la mitad; pero conservando su antiguo valor nominal. Así, con el 50% de las monedas de nueva acuñación, pagó las deudas de su Estado; pero quedándose gratis para sí con el otro 50%.

En 1943, Roosevelt – presidente de los EEUU – devaluó el dólar para depreciar hipotecas, deudas de toda clase, sueldos de empleados, etc. Si la devaluación de Roosevelt se hubiera destinado a pagar deudas del Estado norteamericano, no se hubieran diferenciado mucho de la devaluación de Dionisio.

En 1962, el ministro de economía de la Argentina emitió un empréstito forzoso (no descontable por el Banco Central , no negociable por ningún banco privado) a 25 años de plazo y 7% de interés (cuando el interés estaba, respectivamente, entre 25% y 50% en los bancos y financieras privadas). Ello significaba que como el Estado argentino debía a sus funcionarios unos 30.000 millones (240 millones de dólares), les pagaba con bonos de un empréstito forzoso; o sea, que les rebajaba los sueldos.

Así cumplía con ellos jurídicamente, en cuanto al pago de la deuda, pero los estafaba económicamente: los bonos no eran dinero ni cheque ni pagaré; pues no permitían – tales bonos – retirar del consumo en mercancía y servicios los valores monetarios nominales que representaban monetariamente.

El dinero – como todas las cosas – está en el devenir. Cuando el Mundo Antiguo se extinguió en el feudalismo, dejó de regir ampliamente la mercancía y los intercambios internacionales, por la sencilla razón de que el feudalismo estaba fundado en la autosuficiencia de la economía agropecuaria y corporativa cuyos límites no rebasaban la comarca o región. En la Edad Media, con el gobierno descentralizado (principados, ducados y condados), el dinero perdió su significación, hasta que se desarrolló la economía urbana.

La separación de la ciudad y del campo en la Edad Media, luego del siglo IX, creó económicamente la necesidad del dinero.

Las ciudades italianas vínculo comercial entre Oriente y Occidente (como lo fuera Lidia) y las ciudades de la Liga de la Hansa, en el Oeste y Norte de Europa, desarrollaron la economía mercantil, de la cual emergió el capitalismo como fruto maduro.

Las revoluciones en Holanda, Inglaterra y Francia, desde la Reforma hasta la Gran Revolución de 1789-93, marcan el ascenso al Poder de la burguesía, la economía en dinero no basada en la gran propiedad feudal sino en el comercio y la industria.

La pólvora (industria química) y las armas de fuego (industria metalúrgica), poder económico y nuevo ejército, estaban en poder de la burguesía. En consecuencia, la victoria militar de los burgueses sobre los señores feudales estaba ya escrita en el curso de la historia, como un acontecimiento político, económico y social inevitable. Pero en contra de lo que se plantea la historia, las clases dominantes creen que pueden eternizar sus privilegios, apoyándose en las cárceles, los institutos armados y la policía; pero las revoluciones sociales destruyen, en unos días, lo que las clases dominantes edificaron en siglos, para perpetuar su dominación.

Cuando un régimen económico agota su existencia histórica, todas las cosas que lo integran se transforman en sus contrarias: el dinero, medida de valor, se convierte en desintegrador de todos los valores económicos. En este sentido, la inflación, la devaluación, la deflación, son políticas, en que el dinero (el interés particular de las clases dominantes) por más que se lo quiera presentar como justo equivalente del valor general sólo lo es del interés particular de las clases dirigentes.

La devaluación de Dionisio de Siracusa 405-367 a J.C. no fue distinta de las devaluaciones en cadena que se han hecho después de las dos últimas guerras mundiales, como políticas monetarias burguesas para mover los precios a voluntad y en defensa de sus intereses, de las políticas financieras del Estado burgués. En este orden de ideas, en cuanto a políticas monetarias se ha usado y abusado de los principios monetarios siguientes:

- cuando la cantidad de dinero aumenta, los precios suben e inversamente;
- cuando la cantidad de moneda aumenta, su valor disminuye e inversamente.
- Cuando la cantidad de moneda varía, los precios varían en el mismo sentido: su valor varía en sentido inverso.

Estas proposiciones de la teoría cuantitativa del dinero son válidas, si la cantidad de mercancías (de bienes y servicios) permanece constante. En este sentido, la teoría cuantitativa del dinero es una forma mistificada de la ley de la oferta y la demanda. Ambas expresiones económicas son manifestaciones de la economía mercantil para manipular el intercambio de bienes y servicios privados, obteniendo ganancias por procedimientos monetarios trucados, especialmente por medio del imperialismo económico que somete a los países dependientes financieramente.

Todo esto crea alienación económica, en virtud de la cual los países semi-coloniales, explotados y oprimidos por el imperialismo económico o el hegemonismo soviético, pierden su autodeterminación diplomática, su independencia económica y su soberanía nacional, bajo el “slogan” de pertenecer al “mundo libre”…..o encadenado a los “trusts” del capital financiero internacional, o a la comunidad de “paises socialistas”, satelizados por la URSS.

El dinero es un categoría alienante en el mecanismo del capitalismo donde la alienación de los seres por las cosas (mercancías) constituye su irracionalidad. Así, bajo el imperialismo, la monoproducción (café, cobre, carne, estaño, etc) aliena a los países subdesarrollados. El imperialismo concentra el capital mundial en los países industrializados , porque al ser gran inversor de capitales en el exterior, gran importador y exportador de bienes y servicios dicta las reglas del juego de la economía mundial en perjuicio de los países monoproductores y monoexportadores.

En este sentido, debido al imperialismo monetario del dólar en el F.M.I., y al hegemonismo del rublo en el COMECON, ambas monedas imperiales pueden comprar barato y vender caro en sus respectivas zonas de influencia, estableciendo una injusta relación de intercambio con sus imperios neo-coloniales. Y como los países dependientes económicamente lo que pierden, por un lado, con un injusto comercio desigual, se les presta por el otro, para equilibrar su déficit de pagos exteriores, llega un momento en que la deuda externa de estos países absorbe una buena parte de las divisas obtenidas por exportaciones, dejando apenas unas pocas para ir tirando… de una situación financiera mala a otra peor, como ha sucedido en América Latina (zona del dólar) y en el COMECON (zona del rublo). En suma, que el dólar y el rublo dictan las reglas del comercio exterior, de la circulación de los capitales, de las inversiones y de los precios de importación y exportación para obtener injustos beneficios.

viernes, 9 de octubre de 2009

CAPÍTULO VI. EL DINERO Y EL ESTADO COMO INSTRUMENTOS DE DOMINACIÓN. El velo monetario oculta la alienación económica del hombre.

El dinero surgió, como una necesidad económica, bajo determinadas formas de la propiedad privada y de la división del trabajo. Por ejemplo, los batúes no conocían el comercio de la tierra (hipotecas, etc.) antes de la llegada de los ingleses con los cuales llegó a ese antiguo reino, el fetichismo de la mercancía.

El mundo mágico del dinero tuvo sus orígenes en Lidia, república del Asia Menor: epicentro de las comunicaciones y del comercio entre Egipto, Persia y Europa. Históricamente aparecieron en Lidia las primeras monedas ya que este país era plaza de arbitraje mercantil en el Mundo Antiguo, como lo fuera Inglaterra y lo es ahora USA en la época del capitalismo multinacional.

Los filósofos clásicos griegos pensaron que la moneda era medio de cambio y medida de valor. A este respecto, Aristóteles dice:
“La moneda, por lo tanto, al actuar como medida, hace a los bienes conmensurables y los iguala” (1)….”Al dinero le sucede lo mismo que a las mercancías, su valor no es siempre el mismo, pero tiende a ser más estable” (2).

Estas afirmaciones de Aristóteles prueban que tuvo una clara idea de la función económica del dinero, ya que, en cuanto al origen de éste y a su necesidad económica dijo, intuyendo la ley de la división del trabajo internacional:

“Cuando los habitantes de un país llegaron a depender en mayor medida de los otros, importando lo que necesitaban y exportando lo que tenían en demasía, el dinero entró necesariamente en uso” (3).

Consecuentemente, la existencia de las nacionales y la división internacional del trabajo entre ellas, crean el mundo de la mercancía y el dinero, para que los productores entren en el mercado por medio de la moneda, para cambiar sus productos por otros productos.

El dinero, en tanto que categoría económica, es una categoría histórica: desaparecidas las causas y necesidades que lo engendraron tiene, necesariamente, que desaparecer. Pero a condición de que desaparezca la propiedad privada y estatal, la plusvalía, el nacionalismo económico y otros factores que crean el transmundo alienado por la mercancía y el dinero: anverso y reverso del mundo burgués.

Bajo la economía mercantil (de ámbito limitado en el Mundo Antiguo, sin que ello diera lugar al capitalismo, porque la base de ese mundo era la esclavitud, como categoría económica o histórica), se desenvolvieron los intercambios y el comercio internacional entre las naciones de la cuenca mediterránea. Si el esclavo se hubiera convertido en obrero libre y el amo en patrón, el capitalismo habría comenzado muchos siglos antes entre las ciudades-Estados, las naciones y los imperios del Mundo Antiguo.

Pero es que los regímenes económicos están en el tiempo y en el espacio: no se los puede inventar. Así, pues, el esclavismo se transformó, a su debido tiempo, en feudalismo; luego éste en capitalismo; y éste, a su vez, se transformará en socialismo, sin confundirlo con el capitalismo de Estado soviético. Y como el capitalismo es una categoría histórica, ni más ni menos que el esclavismo o el feudalismo, el devenir del mundo burgués es el socialismo autogestionario.

El Mundo Antiguo tuvo mecanismos monetarios muy similares a los de nuestro tiempo, pero la estructura de clases era completamente diferente. En consecuencia, la economía esclavista no llegó a revestir una forma mercantil acabada como sucede en el capitalismo, quizá porque el esclavo era vendido como mercancía; pero no su trabajo asalariado, como hace el obrero en la sociedad burguesa.

Si todo se compra y se vende por dinero, bajo el imperio de la propiedad privada de los medios de producción o de un único propietario como el Estado-patrón, la fuerza de trabajo enajenada seguirá siendo asalariada y los productos de este trabajo dependiente continuarán circulando como mercancías en cuyo precio final seguirá figurando la plusvalía, el trabajo no pagado al obrero, a fin de que vivan enquistados parasitariamente en los trabajadores clases dominantes como la burguesía (Oeste) o la burocracia totalitaria (Este).

Sólo la instauración de un socialismo libertario, basado en la propiedad social y no en la privada o estatal, puede superar la alienación del obrero en el trabajo de y para otro, mediante la propiedad social basada en una economía autogestionaria, que supere las clases sociales antagónicas, la desigualdad intelectual y económica entre los hombres, en un mundo sin alienaciones ni contradicciones. Así, aunque siguiere subsistiendo el dinero sólo serviría para intercambiar los bienes y servicios en su justo valor-trabajo, sin incluir rentas parasitarias o plusvalías para nadie, cuantificando objetivamente los valores económicos, calculándolos en una unidad de valor estable, sin inflación, devaluaciones y reflacciones.

domingo, 20 de septiembre de 2009

PEDRO J. PROUDHON O LA ANARQUÍA CONTRA LA JERARQUÍA.

Pedro J. Proudhon (1809-1865): Nacido en el seno de una familia pobre de trabajadores, Proudhon tuvo una infancia más cerca de la pobreza que de un relativo bienestar económico. Así, pues, su educación fue penosa por falta de útiles escolares y de libros; pero, no obstante, conseguía ser clasificado como uno de los mejores alumnos. Y estudiando y trabajando al mismo tiempo, añadiendo sus horas de estudio a las de corrector de pruebas, primero, y, luego, de cajista de imprenta, en Besancon, consiguió el título de bachiller, en 1838, aunque en 1837 ya había escrito su primera obra: Ensayo de gramática general.

Sin embargo, a pesar de este origen de clase, más bien proletario que pequeño-burgués, Proudhon fue tildado por Marx de "no tener el suficiente coraje ni la clarividencia para elevarse aunque no fuera más especulativamente por encima del horizonte burgués". (Miseria de la filosofía). Pero, en verdad, el "petit bourgeois", si no por su pensamiento si por su práctica, era Carlos Marx; hijo de un abogado rico que se permitía pagar los estudios de us hijo otorgándole 700 táleros, cuando las familias más ricas alemanas sólo daban a sus hijos unos 500. Por otra parte, Marx se caso con Jenny von Westphalen, hermana de un ministro e hija de una de las familias aristocráticas alemanas. En cambio, Proudhon, cuando ya era un escritor famoso, habiendo publicado varias obras que le daban un prestigio intelectual, se casó en 1849 con Eufrasia Piegard, obrera bordadora.

Criticando despectivamente el libro de Proudhon, Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, Marx, en su Filosofía de la miseria, decía de Proudhon, que "su libro no era más que el código del socialismo pequeño burgués, aunque Proudhon fu anatematizado, como archirrevolucionario a la vez por los economistas y los socialistas de entonces. Es por lo que más tarde, yo no he mezclado jamás mi voz con los que proferían grandes gritos sobre su "traición a la revolución".

Entre Proudhon y Marx chocan dos concepciones diferentes de la emancipación del pueblo trabajador: una, federalista, autogestionaria, libertaria; otra, centralista, de "ejércitos industriales" en las fábricas nacionalizadas, haciendo del Estado totalitario el dueño de todo. En este orden de ideas, Proudhon se anticipa a lo que sería el Estado soviético con estas palabras: "...el comunismo (estatal) no comprendió siquiera la naturaleza y el destino del Estado; al apoderarse de esta categoría a fin de darse a sí mismo cuerpo y cara, sólo vio el lado reaccionario de la idea, y manifestó la impotencia al tomar por tipo de organización industrial el de la policía. El Estado - dijo - dispone soberanamente del servicio de sus empleados, a quienes alimenta, alberga y pensiona; luego puede ejercer también la agricultura y la industria alimentando y pensionando a todos los trabajadores. Mil veces más ignorante que la economía política, el socialismo (estatal) no ha visto que al hacer entrar en el Estado las demás categorías del trabajo, convertía a los productores en improductivos; no comprendió que los servicios públicos, precisamente porque son públicos o ejecutados por el Estado, cuestan mucho más que lo que valen; que la tendencia de la sociedad debe ser a disminuir constantemente su número, y que lejos de subordinar la libertad individual al Estado, es el Estado (...) al que debemos someter a la libertad individual". (Sistema de contradicciones económicas. Cap. XII).

Para Proudhon el socialismo auténtico se concreta en la propiedad social, la igualdad económica, la superación del salario, la participación directa del pueblo en el autogobierno, el respeto a los derechos y a las libertades fundamentales del hombre, sin centralismo ni Estado totalitario, con federalismo y democracia directa. En cambio, para Marx, no hay liberación del proletariado sin la mediación del Estado protector constituido en representante del interés general. He aquí, al respecto, su programa (los puntos 5 al 8) del Manifiesto Comunista:

"5. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
6. Centralización en las manos del Estado de todos los medios de transporte.
7. Multiplicación de las manufacturas nacionales, de los instrumentos de producción, roturación y mejoramiento de tierras según un plan de conjunto.
8. Obligatoriedad del trabajo apra todos, organización de ejércitos industriales, en particular para la agricultura".

Increíblemente, los puntos 5) y 6) del Manifiesto Comunista los ha realizado la burguesía y la pequeña burguesía europeas conduciendo gobiernos social-demócratas, demo-liberales y demo-cristianos bajo formas de empresas mixtas o nacionalizadas, sin que por ello haya sido creada una sociedad socialista, ya que los obreros han seguido siendo tan asalariados bajo el Estado-patrón como bajo patrones privados. Y en cuanto a los puntos 7) y 8), antes indicados, la nacionalización de la tierra, de las empresas, de los bancos, de los medios de producción y de cambio, no ha creado el socialismo y, menos aún, el comunismo; pues los trabajadores soviéticos, del campo y de las ciudades, producen para el Estado, usurpador de la plusvalía como los capitalistas occidentales.

Proudhon (tachado de utopista y pequeño burgúes por Marx, Engels, Lenin, la tecnocracia socialista y la burocracia soviética) tenía muy claro que el Estado-empresario, como sustituto del empresario burgués, no emancipaba jamás al proletariado mientras este no organice su trabajo, le pertenezca el capital y el autogobierno de la sociedad, liberada del Estado. Sin propiedad social de los medios de producción (si el Estado es dueño absoluto de la economía, del capital y de la tierra, de los medios de comunicación por medio de la prensa, la radio y la televisión, de la ciencia y la cultura, además, de los tribunales, de las fuerzas armadas y de la policía), no puede haber socialismo sino capitalismo de Estado, burocracia totalitaria, dueña de los bienes y de las cosas, por medio de un Partido único y de un Estado totalitario.

En realidad, (para evitar la dictadura económica de la burguesía y la dictadura política y económica de la burocracia, ya tomemos como referencia al capitalismo de monopolio norteamericano o al capitalismo de Estado soviético) sólo hay un medio socio-económico y político: la propiedad social autogestionada, el autogobierno como forma de democracia directa. Así puede haber programación de la economía autogestionada por medio de federaciones de industria integradas en un consejo nacional de la economía, dentro de un mercado autogestionado (liberado de intermediarios onerosos) entre trabajadores libres asociados con sus medios de producción, entre consumidores no manipulados por la publicidad y los monopolios capitalistas o por las burocracias centralistas que lo planifican todo y lo deciden todo sin el pueblo trabajador, como sucede en la U.R.S.S.

El socialismo de Proudhon no excluye la libertad, no ofrece menos libertad política y económica que la democracia burguesa, porque de ser así sería un falso socialismo, cosa que ha sucedido en la Unión Soviética, donde hay menos libertad que en las democracias representativas occidentales y tanta desigualdad económica como en éstas. A la luz de la lógica, la revolución soviética es contrarrevolucionaria; pues no hay libertad de prensa, palabra, reunión y manifestación; existían en 1985 diferencias de salarios muy desiguales entre los que cobraban 80 y 100 rublos por mes (viviendo en el mínimo de subsistencia) y los que perciben 1000 rublos (disfrutando holgadamente de la vida) por pertenecer a la burocracia política o a la tecnocracia de las empresas estatales.

"El problema del reparto - expresa Proudhon - no lo abordó de frente ningún escritor socialista; y la prueba de que esto es así, está en que todos concluyeron como los economistas, declarando imposible una regla de reparto. Los unos adoptaron por divisa: a cada uno según su capacidad, ya cada capacidad según sus obras; pero se guardaron según ellos, la medida de la capacidad y la del trabajo. Los otros añadieron al trabajo y a la capacidad un nuevo elemento de valuación, que es el capital, o por mejor decir el monopolio, y probaron una vez más que eran unos plagiarios serviles de la civilización por mas que se hiciesen notar por sus pretensiones a lo imprevisto. Por último, se formó una tercera opinión, para huir de esas transacciones arbitrarias, sustituyendo el reparto por la racion y tomando por epígrafe: a cada uno según sus necesidades teniendo en cuenta los recursos sociales. De este modo, el trabajo, el capital y el talento, quedan eliminados de la ciencia; al mismo tiempo se suprimen la jerarquía industrial y la competencia; además, la distinción de los trabajadores en productivos e improductivos, se desvanece porque todo el mundo es funcionario público; la moneda queda definitivamente proscrita, y con ella todo signo representativo del valor; el crédito, la circulación, la balanza de comercio, no son más que palabras vacías de sentido bajo este imperio de la fraternidad universal. ¡Y yo conozco personas de verdadero mérito que se dejaron seducir por esta simplicidad de la nada". Sistema de las contradicciones económicas. Cap. XII, párrafo VI).

Aunque es un poco abstrusa esta explicación del reparto del excedente económico producido por el trabajo, se deduce que, en el modo de producción estatista soviético, se reparte según la calidad y la cantidad del trabajo de cada uno, "pero los burócratas se guardan muy bien de especificar la medida de la capacidad y la del trabajo", ya que unos reciben mucho y otros, poco, siendo así el "socialismo soviético" un capitalismo con respecto a la distribución desigual de la riqueza creada por el trabajo asalariado. En cuanto al modo de producción capitalista, de la plusvalía generada por el trabajo asalariado, se atribuye la mayhor parte de la mismaal capital del empresario, al sistema de monopolios económicos, al interés bancario, a los impuestos para el Estado, a los ingresos percibidos por comerciantes y toda clase de personal improductivo. En un sistema socio-económico basado en dar a cada uno según sus necesidades, pero teniendo en cuenta los recursos disponibles, pudiera ocurrir que la producción fuera igual al consumo no quedando así un ahorro necesario para inversión y reproducción ampliada del capital social. Para evitar el estancamiento económico, tecnológico y científico, necesariamente en un socialismo libertario, habría que cuantificar la producción y el consumo, conocer exactamente la capacidad de producción y los límites apropiados del consumo, llevando una contabilidad en unidades físicas y monetarias estables, a fin de no tomar los deseos por realidades.

Ahora bien, un socialismo libertario puede transformar, per ono eliminar voluntariamente, las leyes económicas objetivas hasta que nos e alcanzase una economía de abundancia de bienes y servicios, gracias a una prodigiosa productividad del trabajo automatizado, que permitiría superar la economía política y sus categorías de producción escasa, consumo desigual, insuficiente inversión, baja productividad del trabajo, desarrollo económico, cultural y tecnológico desigual entre la ciudad y el campo y remuneración desigual entre trabajo manual e intelectual. Mientras todo esto dure, los hombres parecerán iguales, pero unos serán en salarios, sueldos o ingresos, más remuneraso que otros, dejando así subyacentemente clases, castas o "grupos sociales", que no ha podido superar el socialismo de Estado, donde unos cobran salarios muy altos y otros muy bajos.

Para que haya justicia social y equidad entre los hombres, hay que ponerla riqueza en común y abolir el sistema del trabajo asalariado, creando una economía autogestionaria que suprima la explotación del hombre por el hombre a condición de que el excedente económico generado por el trabajo asociado, uniendo el capital, la técnica y el trabajo en la empresa autogestionaria, sea revertido a los trabajadores emancipados del capitalismo privado o de Estado.

Sobre la injusticia social del trabajo asalariado, Proudhon plantea el mecanismo económico de su superación en el porvenir:

"El salario del trabajador -aclara- no rebasa casi su consumo corriente y no le asegura el salario del día siguiente, mientras que el capitalista encuentra en lo producido por el trabajador una garantía de independencia y de seguridad por su porvenir.

"Así, pues, este fermento reproductor, este germen eterno de vida, esta preparacion de un fondo e instrumento de producción, es lo que el capitalismo le debe al trabajador, y que no le devuelve jamás; y es esta denegación fraudulenta lo que constituye la indigencia del obrero, el lujo del ocioso y la desigualdad de condiciones. Es en esto, sobre todo, que consiste lo que se ha llamado la explotación del hombre por el hombre". (Qu'est-ce que la propieté? p. 216.

Mientras el obrero sea sometido a un régimen de producción asalariado, ya sea bajo el modelo del capitalismo occidental o de capitalismo de Estado soviético, no habrá liberación de los trabajadores, obligados a producir para clases parasitarias, opresoras y explotadoras. Mediante la propiedad social de los medios de producción y de cambio, en forma de empresas autogestionarias od e interés social, tiene que ser superado el salariado por un ingreso variable de las unidades de trabajo asociado, en el sentido de que si éstas producen más excedente económico, si aumentan su productividad, obtendrán más ingresos personales de acuerdo con el resultado del colectivo de trabajo. Tal podría ser inicialmente, un sistema libertario autogestionario, a condición de abolir el trabajo asalariado, de tal suerte que no se apropie la plusvalía el emrpesario privado o el Estado-empresario. Ellon no quiere decir que la sociedad autogestora libertaria no participe en el excedente económico de las empresas a nivel de autogobiernos locales, regionales o del autogobierno nacional, que con las federaciones de producción y de servicios integradas en un Consejo de Economía Nacional, constituirían un doble federalismo: administrativo, de los autogobiernos; y económico, de las federaciones de industria. Así habría planificación con participación popular a todos los niveles de decisión: locales, comarcales, provinciales, regionales y nacionales, dentro de un federalismo político y económico, en un espacio geo-económico y geo-político nacional, o universal, cuando las naciones unidas lo fueran de verdad, transformando las empresas multinacionales en federaciones autogestionariaws universales. Y así, cuando el mundo fuera un solo país, se habrían acabado las guerras nacionales y las guerras mundiales, los desarrollos económmicos y tecnológicos desiguales de continente a continente, dando al mundo un crecimiento económico paralelo y proporcionado; sin países ricos ni pobres, lo que constituye otra forma de la lucha de clases entre los pueblos, determinativa de las guerras nacionales o mundiales.

El federalismo, como condición del socialismo, la democracia directa como su expresión política y la emprsa autogestionaria, cooperativa, mutualista, de interés social, permiten la participación directa de todo el pueblo, no ocasionalmente en unas elecciones para elegir políticos profesionales, sino para gestionar directamente, sin las "élites" del Poder, sus empresas agrícolas, industriales y de servicios, sus autogobiernos. Todo ello, coordinado por un eficiente federalismo económico y auto-administrativo, sin lo cual el socialismo es burocrático u otra forma del capitalismo, pero de Estado.

"El feudalismo mercantil e industrial -dice Proudhon- se propone consagrar por medio del monopolio de los servicios públicos, del privilegio de la instrucción, de la extremada división del trabajo, del interés de los capitales, de la desigualdad del impuesto, la degradación política de las masas, la servidumbre económica o el salario; en una palabra, la desigualdad de condiciones y de fortunas. La federación agrícola e industrial, por el contrario, tiende a acercarse cada día más a la igualdad por medio de la organización de los servicios públicos prestados al más bajo precio posible por otras manos que las del Estado, por medio de la reciprocidad del crédito y de los seguros, por medio de la garantía de la instrucción y del trabajo, por medio de una combinación industrial que permita a cada trabajador pasar de simple peón a técnico y artista, de jornalero a maestro". (El principio federativo. Cap. XI.).

La economía de nuestra época es mucho más grande, teniendo muchos más productos y servicios sociales y públicos, muchas más ramas de industria que en los tiempos de Proudhon, pero se puede cuantificar en unidades métrico universales y en unidades monetarias (no muy fiables). Así, en un socialismo autogestionario, federativamente integrado en un Consejo Supremo de la Economía Nacional, donde estuvieran representadas todas las federaciones agro-industriales, de servicios sociales y públicos, el autogobierno nacional sería una administración sin opresión en beneficio de todos, no teniendo que administrar a los hombres por medio del Estado. Y como la informática o la telemática, los ordenadores centrales y terminales contarían con una información global sobre las partes y el todo, la programación económica, con participación de todos, sustituiría a la planificación burocrática, donde unos pocos mandan y los demás obedecen, ya sea con economía dirigida (Oeste) o con economía central planificada (Este). Los ordenadores, bien informados, con cifras y datos fidedignos, sin ocultar como ahora, las rentas parasitarias de las burguesías o de las burocracias, pueden sustituir a los políticos de nuestro tiempo, aprendices de maquiavelos, que prometen lo que nunca cumplen para engañar al pueblo.

Sólo el autopoder y no el Estado, a todos los niveles de decisión y participación popular, puede emancipar a los trabajadores a condición de unir en las empresas autogestionarias y en las federaciones de industria, de producción y de servicios, el capital, la técnica y el trabajo, integrados en una empresa de todos, donde se resuelvan los viejos conflictos de clase.

Hay, pues, que reemplazar la empresa monopólica o la empresa estatal por una empresa autogestionaria de propiedad social, que produzca a precios económicos sin cargar las plusvalías percibidas por las burguesías o de las burocracias totalitarias; hay que superar una vez por todas la lucha de clases, el antagonismo entre el capital y el trabajo en una empresa autogestionaria; hay que sustituir al Estado por el autogobierno informatizado y desburocratizado, en base a que todos los jóvenes cumplan programas de estudios gratuitos hasta los dieciocho años, alcanzando un nivel en ciencias y letras, en informática, en educación cívica, que los faculte para poder ejercer su participación con suficiente educación, en las empresas de gestión directa y en los autogobiernos de democracia directa.

El Estado burgués (Oeste) y el Estado burocrático (Este) son opuestos al interés general de la sociedad; ambos derrochan, por mantener el Estado-Nación, una parte bastante importante de su producto interno bruto en financiar la interminable carrera de armamentos; dedican lo más avanzado de la ciencia y de la técnica y miles de sabios, técnicos, ingenieros e investigadores a fabricar armas químicas, bacteriológicas, atómicas, espaciales, láser y otros armamentos de destrucción masiva, no para que progrese el mundo, sino para aniquilarlo. Por consiguiente, el Estado-Nación (imperial, nacional o regional) debe ser sustituido por la Federación, en el sentido proudhoniano, y no por "la dictadura del proletariado" en el sentido staliniano. El Estado, en el mundo burgués, dilapida el excedente económico de las naciones: impuestos, pagos por la deuda pública, subsidios a empresas ineficientes, subsidios de paro para diferir la crisis y no para resolverla. Así la inflacción monetaria descompone todo el sistema económico de un capitalismo que tiene ya fuerzas productivas para vivir en un socialismo autogestionario, pero que se empeña en mantener un modo de producción obsoleto, anacrónico, impropio de las técnicas, las ciencias y las fuerzas productivas avanzadas de nuestgro tiempo. El Estado burocrático según el modelo soviético, no supera la lucha entre las naciones del llamado "mundo socialista" donde pueden estallar tantas revoluciones y guerras como en el mundo capitalista. En consecuencia los dilemas de la humanidad son: Federación mundial o guerra mundial: socialismo autogestionario o lucha de clases: derecho al trabajo para todos o propiedad para unos pocos; propiedad social o desocupación en masa; autogobierno (barato e informático) o gobierno caro y malo.

El pueblo tiene que autogobernarse sin delegar sus poderes; el sistema parlamentario clásico está fracasado; es el régimen de la burguesía y la clase media parasitarias, que restan los capitales más nobles para inversión a fin de procurar un régimen económico, sin paro obrero, con plena ocupación. No hay necesidad de reforma electoral para reformar la sociedad -como decía Proudhon-, sino de una democracia directa, de un federalismo económico, auto-administrativo, de cooperación y de autogestión en las empresas.

El problema del hombre asalariado, con capitalismo convencional o con capitalismo de Estado (disfrazado de socialismo) reside, no en cambiar una clase dominante por otra, un gobierno burgués por un gobierno "socialista", sino en hacer un cambio de modo de producción y no de ideologías, en el sentido de entregar las empresas y el excedente económico producido en ellas, no a la burguesía occidental o a las burocracias orientales, sino a trabajadores libres asociados con sus medios de producción. En este orden de ideas, respecto al excedente económico producido por el trabajo asalariado, Proudhon aclara:

"He demostrado por la teoría y por los hechos el principio de que todo trabajo debe dejar un sobrante; pero este principio, tan cierto como una proposición aritmética, dista de ser una realidad para todo el mundo. Mientras que por los progresos de la industria colectiva, cada día de trabajo individual da un producto cada vez mayor, y, mientras que, por una consecuencia necesaria, el trabajador, con el mismo salario, debería ser cada día más rico, hay en la sociedad clases que obtienen un beneficio, y otras que van decayendo; trabajadores de doble, triple, céntuplo salario, y trabajadores con déficit; por todas partes, al fin, gentes que gozan y gentes que sufren, y, por una monstruosa división de las facultades industriales, individuos que consumen y no producen." (Sistema de las contradicciones económicas. Cap.II. Subtítulo III).

En la Unión Soviética, evidentemente, todos parecen trabajadores, pero unos trabajan más que otros; unos lo hacen intelectualmente; otros, materialmente; unos (los privilegiados de la "Nomenklatura") cobran "doble, triple y céntuplo sueldo" respecto a otros. Se crea así una distribución del producto material (creado por los obreros de la ciudad y los trabajadores del campo) muy desigual económicamente, en virtud de una división social del trabajo consistente en que unos mandan y otros obedecen; unos, perciben rentasw elevadas; otros salarios en el límite de la ley de bronce o del mínimo de subsistencia.

A la luz de los hechos, ¿quien es "pequeñoburgués"? ¿Marx, que hace protagonista de la sociedad socialista al Estado (bajo forma de "dictadura de la burocracia del Partido único"), o Proudhon, que basa la liberación de los trabajadores en la gestión directa de sus empresas sin dependencia del Estado-patrón? El tiempo ha demostrado que era menos utópico, en cuanto cómo alcanzar el socialismo, el utopista Proudhon que el "científico" Marx.

Marx (que no se liberó de su maestro Hegel tanto como él creía) hizo del Estado, como los ideólogos de la burguesía, el "representantes del interés general", cuando realmente sólo lo es de la burguesía misma como clase dominante, en defensa de su propiedad del capital. En caunto al Estado "socialista", ideado por Marx, conducido por la clase media ilustrada por medio del Partido comunista, resulta ser un Estado de clase, pero de la clase obrera, sino de la burocracia y la tecnocracia, de los que tienen el saber y que por eso mismo acaparan el Poder. En este sentido el Estado "socialista", según el modelo soviético, es el monopolio de los dirigentes del Partido único, todos ellos, salvo raras excepciones, extraidos de las capas de la clase profesional: abogados, economistas, ingenieros, técnicos, científicos de toda clase y tipo; políticos profesionales, que permanecen en sus cargos por tiempo indefinido, mariscales y generales del ejército y de la policía política; profesores y escritores o periodistas repitiendo a coro lo que dice el Líder providencial. Los cuadros dirigentes del partido comunista bolchevique, antes de la Revolución de 1917, eran hijos de la burguesía liberal o profesional, comenzando por Lenin. Actualmente, los dirigentes del PCUS, como nota dominante pertenecen a la "intelligentsia": las universidades soviéticas, más que las occidnetales, no están al servicio de los trabajadores, sino para formar una "nueva clase dirigente" que se relaciona en sus puestos de mando y se casa entre sí, constituyendo así más una casta que una clase con movilidad social.

El socialismo de Estado, denunciado por Proudhon, Bakunin y Kropotkin, ha resultado un socialismo de los intelectuales, de la pequeña burguesía constituida, gracias a la dictadura soviética, en "nueva clase dominante"; una "oligarquía roja" aspirante al poder universal mediante un capitalismo de Estado, en la esfera nacional, y un hegemonismo militarista, en la esfera internacional, lo cual constituye un serio peligro de guerra mundial.

Tanto el socialismo de terciopelo, occidental, (de los gobiernos social-demócratas o socialista de Occidente), como el socialismo soviético (bajo la dictadura total de la burocracia) son, en realidad, ideologías de la clase media, de la pequeña-burguesía, hipócritamente hablando a la izquierda para tenr una vida regalada, gracias a la plusvalía succionada a los trabajadores, ya sea en un país tan "progresivo" como Suecia o tan totalitario como Rusia; el resultado es el mismo, ya sea con socialismo burgués o con marxismo-leninismo.

El mérito de Proudhon consiste, a pesar de sus creencias sobre el "Banco de Cambio" y de los "bonos de trabajo" como posibilidad de emancipación de los trabajadores (aún dentro del capitalismo o sin revolución social), en que, casi con un siglo de adelanto, advirtió que los abogados, políticos e intelectuales de izquierda, pretendían un socialismo más para disfrutarlo ellos, con su ascenso al Poder, que los trabajadores, como viene sucediendo en el Oeste bajo los gobiernos social-demócratas, laboristas y socialistas, y, en el Este, con la burocracia soviética y cía.

No obstante , Proudhon fue menos partidario de la acción revolucionaria que Bakunin y Kropotkin, ya que confiaba en producir un gran cambio socio-económico en virtud del mutualismo. En este orden de ideas, Kropotkin, luego de considerar el individualismo anarquista de Max Stirner, o muy subjetivo y poético, en los escritos de Nitzche, al referirse al mutualismo, dice:

"La otra rama de los anarquistas individualistas la forman los mutualistas, en el sentido de Proudhon. Sin embargo, siempre se alzará contra este sistema la objeción de que dificilmente podría ser compatible con un sistema de propiedad común de la tierra y de los medios de producción. El comunismo en la posesión de la tierra, las fábricas, etc.; y el individualismo en la producción son ideas demasiado contradictorias para coexistir en la misma sociedad; por no hablar ya de lo dificil que sería calcular el valor de mercado y el valor de venta de un producto según el tiempo medio necesario, o el tiempo realmente invertido para su producción. Poner de acuerdo a los hombres en un cálculo tal de su trabajo exigiría ya una profunda penetrafción del principio comunista y sus ideas, al menos para todo producto de primera necesidad. Y si una comunidad introdujese, como posterior concesión al individualismo, un pago superior para el trabajo especializado o posibilidades de un ascenso a una jerarquía de funcionarios, esto reintroduciría todos los inconvenientes del sistema salarial de hoy que los trabajadores intentan destruir". (Folletos Revolucionarios, p. 195. Tusquets editor. Barcelona. 1977).

Realmente, esta profecía de Koprotkin se ha cumplido en la Unión Soviética, donde la jerarquía política en als empresas y en los escalones burocráticos del Estaod, así como los salarios desiguales entre obreros y ejecutivos de empresas, ha reintroducido el capitalismo, pero de Estado, aunque llamándolo comunismo o socialismo, impropiamente, semánticamente, pero no realmente. Y es que en la primera fase de la sociedad autogestionaria que siga la capitalismo no debe de haber diferencias de ingresos personales muy desiguales, ni tampoco educacionales, ya que de esa manera el capitalismo se reproduciría en el "socialismo" como una Hidra de cien cabezas. Ahora bien, mientras no se haga paralelamente a la revolución social una revolución científica y cultural para borrar las diferencias entre trabajo manual e intelectual, esa Hidra de reproducción del capitalismo en el "socialismo" sería su signo y su destino.

Proudhon fue genial en muchas de sus obras, criticando a los falsos revolucionarios y socialistas, pero tenía una gran dosis de utopismo y de reformismo imposible. A este respecto dice Bakunin:
"Proudhon, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho para sacudir las tradiciones del idealismo clásico, no por eso deja de ser toda su vida un idealista incorregible, inspirándose -como le dije dos semanas antes de su muerte- ya en la Biblia, ya en el derecho romano, siendo metafísico hasta el extremo. Su gran desgracia está en no haber estudiado jamás las ciencias naturales y en no haberse apropiado su método. Ha tenido instintos de genio que le hicieron entrever el camino justo; pero, arrastrado por los malos hábitos, idealistas de su espíritu, volvió a caer siempre en los viejos errores: lo cual hizo que Proudhon haya sido una contradicción perpetua, un genio vigoros, un pensador revolucionario que se debatió siempre contra los fantasmas del idealismo, que no llegó jamás a vencerlos.

"Marx como pensador -agrega Bakunin- está en el buen camino. Ha establecido como principio que todas las evoluciones jurídicas de la historia son, no como las causas, sino los efectos de las revoluciones económicas. Es este un grande y fecundo pensamiento que no ha inventado absoutamente nada: ha sido entrevisto, expresado, en parte, por otros antes que él; pero, en fin, a él le pertenece el honor de haberlo establecido sólidamente y de haberlo planteado como base de todo un sistema económico. Por otra parte, Proudhon había comprendido y sentido la libertad mucho más que él. Proudhon cuando no hacía doctrina o metafísica, tenía el instinto del revolucionario: adoraba a Satanás y proclamaba la anarquía. Es muy posible que Marx pueda elevarse teóricamente a un sistema todavía más racional de la libertad que Proudhon, pero carece del instinto de la libertad; es, de pies a cabeza, un autoritario".

Bakunin hace este análisis sincero de Proudhon y Marx, sin que la pasión ideológica no le deje ver la lógica de la razón, sabiendo diferenciar a uno y otro por sus obras y sus hechos, su conducta, su "praxis". Y la historia ha demostrado que el autoritarismo de Marx, propio del ser humano alienado en el Estado, como Hegel expresa en su Fenomenología del espíritu, ha conducido a la dictadura de la burocracia soviética, que se dice marxista-leninista, aunque sea más lo último que lo primero.

"Marx -dice Bakunin en un manuscrito francés de 1871 - estaba mucho más adelantado que yo, cmoo lo está aún hoy; no más adelantado, sino que es incomparablemente más sabio. Yo no sabía entonces nada de economía política. No me había deshecho todavía de las abstracciones metafísicas, y mi socialismo no era más que de instinto. Él, aunque más joven que yo, era ya un ateo, un sabio materialista, un socialista consciente. Fue, precisamente en esa época, cuando elaboró los rpimeros fundamentos de su sistema actual. Nos vimos bastante a menudo, pues yo lo respetaba mucho por su ciencia y su abnegación apasionada y seria; aunque siempre mezclada con la vanidad personal hacia la causa del proletariado, y yo buscaba con avidez su conversación siempre instructiva y espiritual, cuando no se inspiraba en mezquinos odios, lo que ¡ay! sucedía a menudo. Nunca, por consiguiente, hubo intimidad franca entre nosotros. Nuestros temperamentos no lo permitían. el me llamaba idealista sentimental y tenía razón".

Así pues, la polémica entre Marx, por un lado, y Bakunin y Proudhon, por el otro, obedecía a dos concepciones distintas del mundo: una, libertaria; otra, autoritaria; como la historia ha demostrado posteriormente, en las revoluciones marxistas-leninistas, totalitarias y por ello contrarrevolucionarias, finalmente.